Facundo, Malvinas y los intelectuales al servicio de su majestad
El 16 de febrero de 1835, en la barranca de Yaco –especie de promontorio terroso situado entre Tulumba y Sinsacate, en el norte cordobés-, una partida de sicarios al mando de Santos Pérez asesina al general riojano Juan Facundo Quiroga. Los rumores acerca de un atentado contra el Tigre de los Llanos corrían desde hacía tiempo por buena parte del territorio. El pueblo amaba al valiente defensor de sus intereses, pero muchos odiaban a este hombre de inmensas patillas afincado en Buenos Aires, amigo del Restaurador Juan Manuel de Rosas, valiente, componedor, que solía ir vestido finamente, fidelísimo a su amante esposa y católico ferviente, que hacía una década ya pesaba en las decisiones nacionales. Desde diciembre de 1834 andaba de viaje por Santa Fe, Córdoba, y regresaba de Santiago del Estero a Buenos Aires, después de arreglar un entuerto entre las provincias de Salta y Jujuy, y de reunirse con sus aliados y amigos en el calor santiagueño, que tanto bien le hacía a su reuma. Había rechazado la custodia ofrecida Rosas y despreciado las advertencias de Ibarra, el gobernador. Esa tarde, en los breñales de Yaco, al fin los oscuros presagios se cumplieron.
El 16 de febrero de 1835, en la barranca de Yaco –especie de promontorio terroso situado entre Tulumba y Sinsacate, en el norte cordobés-, una partida de sicarios al mando de Santos Pérez asesina al general riojano Juan Facundo Quiroga. Los rumores acerca de un atentado contra el Tigre de los Llanos corrían desde hacía tiempo por buena parte del territorio. El pueblo amaba al valiente defensor de sus intereses, pero muchos odiaban a este hombre de inmensas patillas afincado en Buenos Aires, amigo del Restaurador Juan Manuel de Rosas, valiente, componedor, que solía ir vestido finamente, fidelísimo a su amante esposa y católico ferviente, que hacía una década ya pesaba en las decisiones nacionales. Desde diciembre de 1834 andaba de viaje por Santa Fe, Córdoba, y regresaba de Santiago del Estero a Buenos Aires, después de arreglar un entuerto entre las provincias de Salta y Jujuy, y de reunirse con sus aliados y amigos en el calor santiagueño, que tanto bien le hacía a su reuma. Había rechazado la custodia ofrecida Rosas y despreciado las advertencias de Ibarra, el gobernador. Esa tarde, en los breñales de Yaco, al fin los oscuros presagios se cumplieron.
Ninguna certeza hay de quién o quiénes fueron
los mandantes del asesino Santos Pérez y sus matreros. Tal vez los
cordobeses Reynafé, a quienes castigó Rosas con la pena de muerte por el
suceso; acaso Estanislao López, el caudillo santafesino socio de los
Reynafé, a quien Quiroga detestaba porque le había robado al Moro, su
caballo predilecto. Algunos historiadores liberales sugieren que fue
Rosas el ideólogo, aunque hay más mala intención que fuentes fidedignas
en la conjetura.
Lo cierto es que la Confederación perdió a
una de sus principales figuras, capaz de pensar en la organización
nacional y de llevar adelante un programa de desarrollo autónomo, lejos
de las zarpas mercantilistas de Gran Bretaña y de sus socios en el país.
Esa muerte sacó del medio al gran escollo que tenían para hacerse de nuestras riquezas.
LA INVENCIÓN DE SARMIENTO Un día
antes del asesinato de Quiroga, el 15 de febrero de 1835, cumplía 24
años su contrafigura, el escritor de la civilización mimado por la
porteñidad unitaria, el que por interés, con un libelo inflado hasta la
náusea, construyó para la posteridad un Facundo sotreta, gaucho malo,
ignorante, brutal y cínico, enemigo del progreso, producto de la América
hispana y mestiza. El que inventó ese Facundo de catecismo
liberal, que miles de maestros impusieron y millones de niños
absorbieron a lo largo de un siglo y medio de malintencionada educación.
Hablo de Domingo Faustino Sarmiento, claro.Y es inevitable hacer referencia a Sarmiento cuando se habla de Quiroga. Porque si algo quedó consagrado como verdad revelada fue el Facundo, ese panfleto al que se le dio certificación de obra histórica. Fue el sanjuanino, a favor del unitarismo triunfante en Caseros el que usando su nombre instaló el concepto de barbarie asociándolo al retraso, al caudillismo, a la nacionalidad, a la defensa de la producción regional, a la democracia popular que se daba de hecho en la provincias norteñas. Barbarie como sinónimo de Facundo al fin y al cabo. Y también el que puso en circulación su par opuesto, el término civilización, que para él encarnaba en el liberalismo expansionista, paradigma del progreso propio del mundo anglosajón. Civilización que se impuso a sangre y fuego.
QUIROGA CONTRA LA ENTREGA
En estos días en que los amanuenses del imperio pretenden menoscabar
con sus sofismas el incuestionable derecho argentino sobre Malvinas,
siempre a través de diarios que responden a los dictados
del Foreign Office británico como La Nación, Clarín y Perfil, se nos
agiganta la figura de Quiroga. Que fue y es la expresión de la
nacionalidad. Porque al organizar a las provincias del norte contra el
centralismo, entreguista y parasitario, resguardó durante el tiempo que
vivió la independencia económica argentina. Quiroga fue el que venció a
Rivadavia y a sus hermanos de la logia Los Caballeros de América,
dominada por comerciantes ingleses, y con ello aventó por un tiempo el
zarpazo imperial. Por él, los unitarios vieron desvanecerse sus
esperanzas de dominar el país y de enriquecerse mediante la entrega de
las riquezas naturales argentinas al dominio extranjero. Y jamás
pudieron perdonarle el que les hubiera desbaratado sus ansias de
enriquecimiento. Por eso, sus plumíferos más conspicuos, de Sarmiento en
adelante escribieron contra Facundo, y lo cubrieron de inmundicia.
Hicieron un analfabeto, un saqueador, un bandido, de un general y
político de inmensa popularidad en medio país.
La victoria de Quiroga sobre Rivadavia obligó
a los logistas unitarios serviles de la logia madre londinense a vivir
fuera del país durante 26 años. Volvieron al país con Caseros y bajo
bandera brasileña. Recién entonces pudieron coronar su política de
entrega de las riquezas propias al imperialismo británico. Porque es
después de Caseros que la Argentina comienza a ser colonia gringa. Y no
podemos pensar que eso es casualidad, porque desde Urquiza en adelante,
todos los presidentes hasta Perón fueron masones, cuyas logias terminan
obedeciendo a las logias de Londres. Ya lo dijimos, lo diremos todas las
veces que haga falta. De ese mandato es tributario el diario La Nación.
EL ARTE TOMA PARTIDO“La gente le previene y él no le hace caso
Y piensa mientras muerde su labio sin bigote
“¡no han nacido los machos que me salgan al paso
ni se templó la daga que me corte el cogote!”
Los algarrobos gozan en el viento temprano.
El carruaje está listo y listo el contingente.
Quiroga revolea su vicuña riojana
Y vivando su apodo lo despide la gente.
Hay un poco de pena en el coro apagado.
No es un grito violento sacudiendo el estío.
Es un viva de muerte, con un eco enlutado,
Que se pierde sin alma en la arena del río.
Entra un polvo de arena que los párpados cierra.
A Facundo entre sueños le trabaja una idea:
“¿Para qué tanto miedo si no estamos en guerra?
Si ahura es hombre de paz y no busca pelea”.
¿Acaso no está allá comandando las cosas
Juan Manuel su compadre, su aparecer, su hermano?…”
Este es un fragmento de El último viaje de Quiroga, poema que Homero Manzi, que no pudo concluir porque le llegó la muerte. Tan distinto de eso otro que sí trascendió y que refleja la óptica unitaria y liberal, escrito por su hijo dilecto Jorge Luis. Un pedacito de El General Quiroga va en coche al muere, el que dice:
“Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco
sables a filo y punta menudearon sobre él;
muerte de mala muerte se lo llevó al riojano
y una de puñaladas lo mentó a Juan Manuel.”
Solo para que note el oyente que Borges responsabiliza a Rosas por el hecho, fiel a la tradición liberal en la que se forma. Y así se escribió la historia, con esa visión de los hechos, sobre la base de un libelo –el Facundo- lleno de falsedades y un poema armado a partir del engendro sarmientino. Y aunque es difícil desarraigar creencias impuestas por la fuerza de la repetición y la repetición de la fuerza es hora de ir cambiándolas por la verdad, sencillamente, porque esas interpretaciones han sido y son útiles a los intereses de los enemigos de una Argentina grande, desarrollada e inclusiva.
LO FACUNDICO. UNA DIMENSIÓN DE LA ARGENTINIDAD
Hace poco hablábamos de lo facúndico, un concepto concebido por Saúl Taborda, de quien algo dijimos programas previos. Porque si Sarmiento lo hizo representante máximo de la barbarie a Facundo, Taborda lo hizo “sustancia viva y eterna de nuestro ser”. Para Taborda. Quiroga, el caudillo, el demócrata, el que manda obedeciendo, el que defiende la tierra contra la intromisión extranjera, representa la sustancia genésica que anima la vida argentina. Y lo facúndico, es la dimensión mítico-ontológica del fenómeno político.
Hace poco hablábamos de lo facúndico, un concepto concebido por Saúl Taborda, de quien algo dijimos programas previos. Porque si Sarmiento lo hizo representante máximo de la barbarie a Facundo, Taborda lo hizo “sustancia viva y eterna de nuestro ser”. Para Taborda. Quiroga, el caudillo, el demócrata, el que manda obedeciendo, el que defiende la tierra contra la intromisión extranjera, representa la sustancia genésica que anima la vida argentina. Y lo facúndico, es la dimensión mítico-ontológica del fenómeno político.
En lo facúndico se preserva la esencia de la nacionalidad preexistente. Que
se expresa en el comunalismo federalista, ese espíritu de
autodeterminación cuya expresión natural de conducción es el
caudillismo. Estos son conceptos nacidos en el medievo castellano, de
la épica heroica y aventurera de la antigua Castilla de las Guerras de
Reconquista frente a los árabes, conceptos llegados a través de la
colonización, propulsores de la Revolución de Mayo y base
del principio de la democracia sustantiva americana. Nos permiten
entender a Facundo desde un punto de vista filosófico y recuperar esos
orígenes que fueron perdidos o falsificados por la historiografía de la
burguesía positivista detentadora de la sabiduría oficial. Taborda
eleva el principio de “lo facúndico” a fisonomía espiritual y
destinación histórica de los argentinos, que es lo contrario de lo
planteado por la modernización capitalista. El “genio nativo” es
propiamente lo facúndico, que como originario de la tierra, es previo a
la imposición liberal positivista. Allí está nuestro héroe.
EL TERRORISMO SARMIENTINO “Sombra terrible de Facundo”, manuscribe Sarmiento al comienzo de su libro. Como un Durán Barba cualquiera, siembra embustes a
sabiendas sobre la luminosidad del hidalgo Quiroga para que su figura y
su ideario quedasen satanizados y sumidos en el olvido. Quiroga fue
víctima de la impostura sarmientina, cuyo objetivo fue destruirlo con
una operación terrorista de prensa mayúscula, que empezó en 1845, año de
edición de Facundo, y perduró hasta el presente. Su libro Facundo
Civilización o Barbarie en las pampas argentinas es un libelo muy bien
escrito que nos hizo creer con mentiras que había un monstruo sin alma
donde en realidad había un político, un guerrero de la nacionalidad, un
organizador popular, alguien que a pesar de ser unitario, porque Facundo
se confesaba unitario, enarbolaba la bandera federal porque su pueblo
lo pedía.
“Yo no soy federal, soy unitario por
convencimiento, pero si con la diferencia de que mi opinión es muy
humilde y yo respeto demasiado a la de los pueblos pronunciada
constantemente por el sistema de gobierno federal… nadie duda de que
todo lo que se hace por la fuerza o arrastrado de un influjo, no puede
tener duración siempre que sea contra el sentimiento general de los
pueblos…” escribió Quiroga a Rosas, fenómeno de fe democrática, que
debemos escuchar y aprender con humildad…
Por contraposición a esta muestra de
grandeza, recordemos lo que escribía en carta a José María Paz 1845 el
prócer Sarmiento, cuyo busto está en cada una de las escuelas de la
Argentina, no así el de Quiroga: “Remito a V. E. un ejemplar de Facundo
que he escrito con el objeto de favorecer la revolución y preparar los
espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes a
designio a veces, no tiene otra importancia que la de ser uno de los
tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno absurdo y
preparar el camino a otro nuevo”. Así caracterizaba el propio Sarmiento a
su obra, ejemplo de turrez antes que de buena literatura, que sirvió en
bandeja la cabeza de generaciones de argentinos al ideario liberal.
Aquel del que aprendimos que le indigestaba
más una mentira que un pepino era un terrorista informativo, masón al
servicio de la Gran Bretaña y su afán de gobierno mundial. Un tipo que
se vanagloriaba allá por 1857, cuando se hicieron elecciones para
gobernador de Buenos Aires, de haber encarcelado, puesto en el cepo y
enviados al ejército de frontera –hasta perder rancho, mujer y hacienda-
a aquellos gauchos que se resistieron a votar por Valentín Alsina, el
candidato del gobierno.
CONTRA LA MISMA SANGRE.
Sarmiento sabía la verdad de la vida del caudillo riojano, porque además era pariente de Quiroga (recordemos que su verdadero apellido era Quiroga porque su padre lo era: Domingo Faustino Valentín Quiroga Sarmiento). Pero eligió hacer añicos al héroe con esos datos falsos a designio. Como decir que el padre de Facundo era de condición humilde cuando era un hombre rico y principal, ya por sus antepasados de alcurnia, alcaldes mayores, regidores, gobernantes de la zona, cuya prosapia llega hasta el rey Recaredo. Cuenta entre otras macanas que de pibito Facundo le pegó al maestro, o que incendió el techo de la casa de sus padres, o que mató de una puñalada a un juez en Mendoza, o que azotaba mujeres, que saqueaba y remataba bienes robados, o que era un lujurioso, por ejemplo; falsedades con las que Sarmiento y sus epígonos armaron una imagen negativa que aun perdura.
Sarmiento sabía la verdad de la vida del caudillo riojano, porque además era pariente de Quiroga (recordemos que su verdadero apellido era Quiroga porque su padre lo era: Domingo Faustino Valentín Quiroga Sarmiento). Pero eligió hacer añicos al héroe con esos datos falsos a designio. Como decir que el padre de Facundo era de condición humilde cuando era un hombre rico y principal, ya por sus antepasados de alcurnia, alcaldes mayores, regidores, gobernantes de la zona, cuya prosapia llega hasta el rey Recaredo. Cuenta entre otras macanas que de pibito Facundo le pegó al maestro, o que incendió el techo de la casa de sus padres, o que mató de una puñalada a un juez en Mendoza, o que azotaba mujeres, que saqueaba y remataba bienes robados, o que era un lujurioso, por ejemplo; falsedades con las que Sarmiento y sus epígonos armaron una imagen negativa que aun perdura.
Tras una revisión de las fuentes de su vida,
surge que Facundo era un hombre generoso con su tropa, de una
indiscutible nobleza, amantísimo hijo, esposo, padre. Un hombre de
armas, ningún nene de pecho, con las astucias del que sabe que tiene
enemigos y las grandezas del que nada necesita para él y se entrega a
conducir a sus hermanos.
Menudo servicio le hizo Sarmiento al imperio
con este libro. El mismo que le hacen hoy los peoncitos Martín Caparrós,
Lanata, Walger, Sarlo, o Luis Alberto Romero, con sus argumentos
vergonzantes, con su relativismo a sueldo, con esa manera de
arrodillarse y hacer de felpudo ante el enemigo histórico de la
Argentina. Y así como la impostura de Sarmiento no fue hecha contra un
hombre sino contra una tumba, estos cipayos hacen algo similar: también
orinan sobre los pibes del General Belgrano, que quedaron en el fondo
del mar, y bastardean la memoria de los combatientes que quedaron en las
islas; blasfeman contra los muchachos del Comando Cóndor, contra el
irlandés Fitzgerald, contra los ex combatientes; hacen befa y escarnio
de los 400 ex combatientes que se suicidaron porque no pudieron soportar
el dolor de ser negados y olvidados.
Será paradójico el efecto de su traición. Sus nombrecitos, en los que ya resuena la insignificancia y que ya más repetiremos, serán
barridos por el viento justiciero de la historia. El nombre de Facundo y
el de quienes dieron la vida por la Patria en nuestras Malvinas, sin
embargo, perdurarán en nuestros corazones.
Columna del compañero y amigo Osvaldo "Turco" Tangir para El Gato Escaldado (programa de radio los domingos de 7 a 11 por la AM 750)
Publicado en elgatoescaldado.tumblr.com
\P/

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